No puedo estabilizar la imagen de Tito, se mueve y habla. Cómo, entonces, puedo hacerlo el objeto de las preguntas. Trato de mantenerlo en pausa, pero se me escapa. Para mi, el usar su cuerpo para hablar mis pensamientos, debo matarlo una vez más para hacerlo vivir a través de la violencia de mi representación.
Cuando era niña, recuerdo haber tenido miedo de que mi mama muriera. Cuando ella no trabajaba su turno de noche en el hospital y después de que todas las luces se habian apagado, Yo iba a su cama y buscaba sus pies. Sus pies calientes me confortaban. Algunas veces sus pies estaban frios, y yo entraba en panico. Si ella estaba viva por que entonces sus pies estaban frios, y si estaba muerta, yo no iba a esperar hasta la mañana siguiente para darme cuenta. Calladamente, colocaba mi mano en frente de su nariz para sentir su respiración. Y qué si se despierta? Como explicarle? Y asi, sabiendo que ella estaba viva regresaba a mi cuarto, pero y qué si ella muere ahora?
El esta aqui, hablando de su propia muerte, y yo sufro al mirar; ellos, su audiencia, miran también. Por que el hombre de la primera fila se rie? El no sabe como yo sé ahora que Tito esta muerto. Lo mato él o lo mate yo?
Cargamos la muerte en nuestra espalda, pero no sabemos cuanto pesa, hasta que un día, de alguna manera, nos doblamos ante su peso. Mi mamá cree en el poder de las palabras. Ella cree que llamamos a las cosas solo por decirlas. Un día mirandose al espejo penso cuan diferente sería su imagen si tuviera cancer. Ella dice que llamó a la enfermedad. Ahora ella dice una y otra vez “El cancer no me va a matar.” Supongo que en esta gramática, Tito no dijo estas palabras lo suficiente y finalmente la muerte lo alcanzó. Nunca vi su cuerpo cambiando, nunca vi su cabello cayendo. Yo estaba aquí y ella alla. Nunca vi el cuerpo sin vida de Tito, solamente leí acerca de su muerte.
En Navidad, la visite al hospital. Ella queria darme un regalo. Hace mucho tiempo, me desperte y al lado de mi cama habia una tortuga y un tren de cuerda. Ame mis juguetes. Los he buscado desde que mi mama enfermo. No los he encontrado. Sin esperanza, pense que ellos nunca exisiteron que estos eran otra de mis memorias falsas, o tal vez un sueño. Le dije que ella no debía preocuparse por darme un regalo, que mi tortuga y mi tren eran suficientes. Ella lloró. Me dijo que esos juguetes de metal eran lo único que pudo darme cuando mi papá se fué. Ella quería darme un regalo para balancear la ausencia de mi padre. Tengo 32 años y ella hoy quiere darme un regalo una vez más ante la posibilidad de su ausencia, de su muerte. Qué le he dado yo en mi ausencia? Y Tito, qué te estoy prometiendo hoy? La ausencia no es lugar de equivalencias.
|