Ley de Reparación de Víctimas
“Toda esa situación de violencia que hemos venido superando, mucha gente malinterpreta los esfuerzos de Seguridad Democrática, los distorsionan, invocan también cosas del pasado, anteriores a este Gobierno.” Presidente Uribe, Otawa, Junio 11, 2009
Álvaro Uribe Vélez argumenta que el TLC entre Canadá y Colombia no puede ser detenido sobre la base de que hay algunos agentes del estado que malinterpretan la Seguridad Democrática. Esta afirmación se refiere a los falsos positivos, y a las chuzadas del DAS. Para Álvaro Uribe los agentes del estado que asesinan civiles para mantener las estadísticas de la Seguridad Democrática no son criminales; simplemente malinterpretan la política de Estado. Y si ellos no son criminales, aquellos que sufrieron los daños de sus acciones no son víctimas. El proyecto de ley que garantizaba la reparación de las víctimas fue hundido en el senado. Álvaro Uribe Vélez dijo, “Aquella (ley) que no podemos aprobar costaría 80 billones, y además les daría el mismo tratamiento a las víctimas derivadas de funcionarios del Estado y a las víctimas de grupos terroristas.” Yo me pregunto, Será que aquellos jóvenes de Soacha están menos muertos que aquellos de las masacres del Salado, San Onofre, o de los hechos atroces como Bojayá y tantos otros? Qué tipo de violencia hace que el gobierno pueda diferenciar el status de los crímenes? Evidentemente no se encuentra en los resultados; los asesinados por agentes del estado, paramilitares y guerrilla, todos están igualmente muertos. Una redundancia. Sin embargo el gobierno insiste en que son distintos. La revista semana concluye que el hundimiento del proyecto de ley obedece a un tinte ideológico que el gobierno siente que debe defender: “en el fondo quedó la sensación de que toda la discusión del proyecto se trató de una pelea por imponer una visión ideológica sobre el conflicto colombiano, que según el gobierno, no es un conflicto armado, sino una “una amenaza terrorista” o un problema de delincuencia.” Aún con esta explicación, las víctimas y la violencia ejercida contra ellas permanece fuera del problema en cuestión. Pasamos de un problema del acto comunicativo a un problema de teoría política y aún las víctimas, sus muertos y la violencia ejercida contra ellos permanece oculta: detrás de las palabras y detrás de las ideologías. Si la argumentación permanece en estos campos, las víctimas seguirán invisibles dentro del conflicto colombiano llámese guerra civil, conflicto, amenaza terrorista. Esta manera de ver la violencia -como un mero instrumento al servicio de intereses que permanecen fuera de ella- invisibiliza los cuerpos tanto de los perpetradores como los de las víctimas. Volvamos a la afirmación del Presidente Uribe; él dice que el problema es que hay unos sujetos, miembros de las fuerzas armadas, que no entienden muy bien la política de Seguridad Democrática, y por ello terminan apuntando no al enemigo sino a la población civil. Uribe asume que en el problema reside fuera de la política de la Seguridad Democrática. Si seguimos la lógica de esta argumentación encontramos que el problema puede residir en dos lugares posibles. Uno, en la mente de aquellos que directamente ejecutan o en el proceso de transmisión de una orden de un sujeto a otro. Se asume que la orden esta bien dada, la cual obedece a la política de Seguridad Democrática, pero que en el ejercicio de su materialidad surge un error: una malinterpretación. Yo me pregunto cómo puede un soldado, un comandante de unidad malinterpretar la política de Seguridad Democrática? Los falsos positivos se dan debido a que existe una política que exige resultados, llamados positivos. Estos se le exigen a cada comandante de unidad, y el gobierno del presidente Uribe ha sido un gobierno de resultados. Sin embargo vale la pena preguntarse por los procesos. Pero parece ser que el gobierno del presidente Uribe los procesos no importan, sólo los resultados. Lograr la reelección a costa de prebendas no importa, lo que importa es que la reelección salga, como él dice, es “una cuestión de honor.” Dentro de estas consideraciones, las víctimas de agentes del estado son resultados de la política de Seguridad Democrática, que aunque erróneos obedecen los parámetros de la política que los exige. La malinterpretación a la que se refiere el presidente Uribe solo es posible en este contexto. Evidentemente es un lógica perversa. Consideremos el nombre Falsos Positivos. Qué es falso? La muerte? No. El positivo, es decir el +1. El falso positivo no es un negativo -1: esto se podría entender como un golpe a las fuerzas militares. El positivo es falso. Es un valor inexistente. Una víctima que no cuenta. Si empezamos a cuestionar el falso positivo llegaremos a cuestionar los procesos de la Seguridad Democrática. En ella el cuerpo violentado, el dolor de las víctimas es parte de una daño colateral, que se sopesa con la sensación de Seguridad que existe en las regiones productivas del país. Es por eso que las víctimas escogidas por los comandantes de unidad para los falsos positivos salen de zonas improductivas a zonas de conflicto. Lógica perversa. No se trata de que la muerte de un pobre no vale y la de un rico si. No. Se encuentra más en la noción de productividad inscrita en un estado que busca solo +1.
