Pensando en Hecatombes en época de referendo
Leyendo Amulet, novela de Roberto Bolaño, vino a mí una revelación a cerca de la hecatombe. Recordemos que el Presidente Uribe anunció hace un tanto, que sólo se lanzaría a un tercer término si llegará la hecatombe (Ver articulo de Antonio Caballero de hace un año http://www.semana.com/noticias-nacion/hecatombe/) Pero nadie sabe que es una hecatombe en Colombia, pues cómo podemos definir catástofre en un país que se ha caracterizado por ser un desastre crónico? Pero la revelación de esta mañana me estremeció, y es por eso que lo escribo hoy aquí, en una especie de exorcismo,
Do you know what a hecatomb is? I associated that word with nuclear warfare, so I thought it better not to reply. But Coffen kept asking. A disaster, I said, a catastrophe? No, said Coffen, a hecatomb is the sacrifice of a hundred oxen all at once. It comes from the greek hekaton, which means one hundred, and bous, which means ox. There are even records from classical times of five hundred oxen being slain. Can you imagine that, he asked. Yes, I can imagine anything, I replied. The sacrifice of a hundred or five hundred oxen: you would have been able to smell the stench of blood for miles around. Imagine so much death, all around you; it must have been stupefying. Yes, I imagine it was, I said.
Mi revelación no se trata de un hallazgo etimológico, sino más bien algo que me revolvió por dentro. Coffen le pregunta a Auxilio si puede imaginar tal sacrificio, tal degollamiento. Y ella responde como quien ha visto mucha muerte, ella dice que puede imaginarlo todo. Sin embargo Coffen continúa, y le dice que tal edor de muerte se podría oler desde una gran distancia, y ésta es mi revelación. En Colombia, parece que lo hemos visto todo -visto todo-, pareciera que nuestra imaginación no fuera capaz de sorprenderse de nada, todo el horror es concevible, es visible, es aparente. Pero esa imaginación parece desencarnada, sin lugar en los cuerpos. Frente a la afirmación de Auxilio, Coffen responde dirigiendo la imaginación de lo visible a lo encarnado, al olor que penetra, que se queda en la ropa, con el olor que nos lleva corriendo a otro momento, a otra memoria, que nos transporta. Coffen responde con el olor a muerte. Pareciera que en Colombia podemos imaginarlo todo y a la vez distanciarnos al máximo del dolor -olor. Como si la muerte del otro no nos tocara, como si fuera simplemente un olor que se lava o se disfrazará en medio de los perfurmes. La hecatombe llegó hace mucho. Mucho antes que el presidente Uribe. Pensar en una hecatombe que lleve a Uribe de nuevo al poder es un eufemismo que disfraza la historía triste, y desarraigada, embuida en una imaginación que cree que es capaz de imaginarlo todo y a la vez nada. Una imaginación que se ha negado a imaginar el dolor -olor del otro. Hecatombes… No sé que hecatombe busca el Presidente Uribe que imaginemos, lo triste es que no hemos visto la hecatombe crónica del dolor del otro y con ello, no le hemos dado espacio al dolor -olor- del otro en mi/nosotros.
